LOS VIAJES DE GULLIVER

November 23, 2014  |  By  | 


LOS VIAJES DE GULLIVER CAPITULO 1 Mi padre, un pequeño burgués de condición modesta, tenía una pequeña hacienda en un distrito de Norttingham y, de sus cinco hijos, yo era el tercero. Tal como era norma en mi familia, cuando cumplí 14 años me envió a cursar estudios a un colegio superior, en Cambridge, hasta que la escasa fortuna de mi padre le obligó a colocarme de aprendiz en casa de un famoso cirujano de Londres, con el cual permanecí durante cuatro años. Cuando abandoné el empleo para volver al lado de mi padre, entre él y otros parientes míos k consiguieron reunir algún dinero para enviarme a Lelden a ampliar mis conocimientos de medicina. Dos años y medio estudiando con gran entusiasmo y una buena recomendación, me valieron el puesto de cirujano en el buque “Golondrina”, mandado por el enérgico capitán Abraham Panell, que pronto se convirtió en buen amigo mío. No hay nada más poético para un joven que viajar por mar. Las grandes travesías sobre las olas, los amplísimos horizontes y los nuevos países que se conocen, despiertan en todo marino unas ansias infinitas de aventuras que, al menos por lo que respecta a mí, vi sobradamente cumplidas. No Obstante, tras realizar varios viajes y ver bellos lugares, a los tres años decidí establecerme en Londres lo hice bajo la cariñosa protección de mi buen maestro Bates, quien me proporcionó suficientes clientes para, a poco, contraer matrimonio con la hija de Eduardo Burton, hombre que poseía una tienda de sombreros en la calle Newgate y que dotó a mi esposa con la suma de cuatrocientas libras esterlinas. Todo marchó bien hasta la muerte de mi protector, Bates, fechas en las que mis clientes empezaron a disminuir de forma alarmante. En el fondo, todo se debía a una actitud de conciencia, al negarme yo a recurrir a los deplorables medios utilizados por entonces por otros médicos competidores, a los que jamás quise imitar en el ejercicio de mi profesión. Así es que, tras consultarlo con mi paciente esposa y algunos amigos, decidí volver a navegar prestando mis servicios como cirujano. Durante seis años en los que estuve empleado en varios barcos, tuve ocasión de conocer los bellos mares del sur y visitar los indios Orientales y Occidentales. Estos viajes resultaban largos y, en mis momentos libres para sacudir el aburrimiento, me dediqué a estudiar cuantos libros caían en mis manos, empeñándome en aprender, nada más desembarcar en un país nuevo, tanto sus costumbres como su lengua. Yo ignoraba entonces que todo esto me resultaría muy valioso pasado el tiempo, y tras una pequeña temporada en tierra, acepté una generosa oferta del capitán Prichard del “Antílope” volviendo la navegar hacia los mares del sur partiendo de Bristol el día 4 de mayo de 1699. ¿Para qué cansar más al lector con el relato de aventuras sin importancias, cuando en realidad lo que ocurrió después de aquella travesía?

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