2formacion intelectual original

November 1, 2014  |  By  | 


ETIO FILOÓFICO La filosofía, marca un momento importante en la formación de la capacidad intelectual del candidato al sacerdocio. Los estudios filosóficos son escuela de reflexión y con ella aprende el seminarista a pensar profundamente en clave de ser, de objetividad y le permite agudizar el sentido crítico, entusiasmándose teniendo bases para aprender a descubrir y refutar los errores. En filosofía, se recibe todo un patrimonio de sabiduría, tan antigua como la misma humanidad (cf. Congregación para la Educación católica, La enseñanza de la filosofía en los seminarios, III.2) que constituye un precioso auxilio para la fe y para la teología. Además el estudio de la filosofía resulta ser un instrumento útil para la teología, sea por los procesos de reflexión que ofrece para la recta prosecución del discurso sobre Dios y para la profundización del dato revelado. Por esto es normalmente más provechoso realizar los estudios filosóficos antes que los teológicos sin compaginarlos. Lo fundamental es aprender a reflexionar sobre la realidad con cabeza propia, apoyándose en las aportaciones de quienes nos han precedido en la historia y lograr comprender que no hay contradicción entre lo que la ciencia racional descubre o comprende y lo que se descubre y acepta por la fe. LA FORMACIÓN TEOLÓGICA La formación teológica es la coronación de la preparación académica sacerdotal. Es el período en el que el candidato se adentra en el conocimiento científico y experiencial de su fe y de los problemas pastorales a los que ha de aplicar la luz de la Revelación, con el celo de su corazón de apóstol y la prudencia del buen pastor. La teología, en cuanta ciencia de Dios, es la ciencia que caracteriza al sacerdote, en cuanto hombre de Dios. El pensum teológico debe llevar al conocimiento global de la doctrina católica, de forma que los seminaristas ahonden en ella, la conviertan en alimento de su propia vida espiritual y puedan comunicarla, exponerla y defenderla en el ministerio sacerdotal (cf. OT 16). Por lo mismo, la tarea principal consistirá en proporcionarles una visión completa y orgánica de las asignaturas fundamentales, sin olvidar aquellas otras que son más periféricas pero también necesarias para su formación doctrinal y pastoral. Conviene que el futuro sacerdote se acerque a la teología con la razón iluminada por una fe viva y operante, de suerte que las verdades estudiadas lleguen a convertirse en principios de vida cristiana, aumenten su conocimiento y relación personal con Cristo, le ayuden a profundizar su inserción vital en la Iglesia y despierten en él la conciencia de su tarea apostólica. Se trata de estudiar para iluminar, de aprender para después enseñar, de comprender para posteriormente ser capaz de mover los corazones hacia Dios.